Crítica de Arte

sábado, 21 de enero de 2017

Décalogo de las relaciones amorosas



Décalogo de las relaciones amorosas 


Deberían ser consideradas un deporte extremo 

Una actividad de alto riesgo


No apta para cardiacos, diabéticos o hipertensos


Prohibir su venta a menores de 18 años 


Vivirse bajo la supervisión de un adulto 


No tomarse durante la lactancia y el embarazo 


Medir más de 1:20 para subir al juego 


Mostrar identificación oficial vigente y con fotografía


No mezclarse con alcohol 


Siempre esperar el siga y hacer un alto total en la luz roja 



 


"Decálogo" es mi primer poema publicado, apareció en el número 64 de la revista Punto en Línea. En el siguiente link pueden encontrar la publicación completa con las colaboraciones de otros autores.

http://www.puntoenlinea.unam.mx/index.php/769-punto-en-linea-no-064/1157-no-64-decalogo-de-las-relaciones-amorosas-georgina-sanchez

miércoles, 17 de febrero de 2016

No Insista




Georgina Sánchez Celaya
Historiadora del arte / curadora
Agradezco a Sara García (posgrado FFyL / UNAM) por la revisión del texto y sus comentarios así como el apoyo que nos brindó la Universidad Autónoma del Estado de Morelos para el montaje de la exposición.

Para Rubén Deneb colega y amigo entrañable

No Insista. Arte en la resistencia, un frente contra la violencia.

¿Es posible hablar de la violencia a través del arte sin aludir directamente a hechos crueles y atroces? Esta es la pregunta que ha detonado la propuesta expositiva No Insista. Reproducir y circular imágenes con contenidos de brutalidad explícita, puede conllevar a la apología de la violencia, por lo que el tema exige ser abordado desde otras perspectivas más allá del morbo, el sensacionalismo y la cultura el shock.
Desde luego, no se trata de ponerse una mordaza y una venda en los ojos ante una situación crítica que implica una fuerte crisis social y política que agravó en 2006 con una supuesta guerra contra el narcotráfico, la cual, en palabras del académico y activista por la paz -Pietro Ameglio- es en realidad una lucha por el monopolio de un gran negocio de mercancías ilegales, cuya condición sine qua non de subsistencia es el dominio del “territorio del delito”; es decir, ese espacio marcado por la impunidad y la corrupción donde se encuentran las principales rutas de tráfico y comercio de drogas.
De esta manera, la propuesta del proyecto No Insista es no “estetizar” la violencia, sino empezar a hacerle frente a partir de cuestionamientos básicos que nos permitan comprender en dónde radica el origen de la misma, así como asimilar sus consecuencias y el daño al tejido social para empezar a recomponerlo. La pieza “México Aquí”, por ejemplo, construida a partir de la recopilación de diferentes cifras tanto de muertos como de desaparecidos en México desde 2006 mismas que circulan en medios de comunicación, da pie a diferentes preguntas: ¿cuál ha sido el método empleado para obtenerlas? ¿por qué no tenemos una cifra exacta de muertos y desaparecidos? ¿por qué varían tanto de una fuente a otra? Y sobre todo ¿por qué no hay un desglose dentro de las mismas y una análisis más allá de lo cuantitativo? ¿quiénes son esos “muertos” y esos “desaparecidos”? Estas y otras preguntas surgieron al trabajar con dichas cifras para la re-contextualización y la reactualización de la pieza –propuesta original de 2011–, lo cual, sin duda, generó más incertidumbre que certezas, más preguntas que respuestas.
Las obras aquí reunidas y de esta manera presentadas constituyen una instalación-exposición, el ensamblaje de grabados sugiere un cerco simbólico en el espacio, el cual habla del cerco en el que nos encontramos al no poder entender el porqué de los hechos de violencia en México. En este contexto particular, las fotografías que se presentan como parte de la instalación, aluden tanto al exterminio masivo que ha dejado la “guerra” como a los casos de desapariciones y a la desaparición forzada como táctica propia de las dictaduras, una estrategia cuya finalidad principal es infundir miedo y desconcierto en la sociedad para así lograr paralizarla. La intención del artista al integrar esta serie de fotografías en una propuesta instalativa, mismas que representan un cuerpo que se difumina en el espacio y que no muestra el rostro, es proporcionar materialidad a muchas de esas ausencias producto de la desaparición forzada y la guerra, es además un acto simbólico que busca dotar de presencia a la evanescencia que deja la desaparición forzada. Al mismo tiempo, esos cuerpos nebulosos como el recuerdo, permanecen bordeados no solo por el cerco simbólico de la violencia, sino también por la barrera que significa la impunidad y la falta de aplicación de justicia expedita en México, pues ciertamente estamos muy lejos de algo parecido a la “verdad histórica” que nos haga comprender el quién y por qué de las oleadas de criminalidad y los hechos de violencia, los cuales se suceden uno a uno, al parecer, sin conexión alguna aparente entre ellos.
Empezar a reconstruir la historia más allá de las cifras, así como compartir experiencias y poner sobre la mesa las consecuencias que ha traído a nivel individual y social tanto la constante exposición a la violencia como su visibilización masiva, podría ser un buen inicio para romper el cerco de la ignorancia así como el pasmo involuntario en el que muchos de nosotros nos encontramos. Desde su trinchera, el arte también puede contribuir al panorama de discusión sobre los hechos de violencia en México. Al ser un termómetro de lo social y un escaparate, el arte puede generar espacios de discusión que nos permitan resignificar los hechos que suponen un trauma. Finalmente, reflexionar y discutir sobre estos temas, es nuestra mejor arma para hacer frente a la violencia, pues como apunta Pietro Ameglio, en la medida en que conceptualizemos mejor, lucharemos mejor. 






ACTIVIDADES PARALELAS

Conversatorio: "La violencia en la era de la imagen"



viernes, 23 de octubre de 2015

Tacón dorado


Génesis de un proyecto

Del 16 de abril al 14 de mayo de 2015 tuvo lugar la muestra titulada Tacón dorado, esto en el espacio alternativo de “La Esmeralda”. La exposición fue un proyecto colaborativo que presentó el trabajo de dos artistas: Fernanda Robles, en ese momento estudiante de sexto semestre de la Escuela de Pintura Escultura y Grabado del CNA y Gimena Romero, artista emergente egresada de la misma institución. Tacón Dorado fue mi cuarto proyecto expositivo llevado a cabo de manera independiente y con recursos ciertamente limitados, al igual que los tres anteriores.

La génesis de mi participación en la muestra se remonta a finales del 2014, cuando Gimena Romero me pidió elaborara el texto de sala para la muestra. Después de varias charlas y reuniones en el estudio de la artista, me involucré de manera conciente en el proyecto hasta asumir un papel más activo que terminó bajo el amparo del término curaduría.
El tema de la exposición fue el Manicomio General “La Castañeda” y la vida de las mujeres al interior durante el primer periodo de la institución que va de 1910 a 1920, según la periodización propuesta por el historiador Andrés Ríos Molina. La primera fase del proceso creativo consistió en la visita de las artistas al Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, el cual contiene los expedientes clínicos de los enfermos mentales internados en instituciones psiquiátricas como el Hospital del Divino Salvador mejor conocido como “La Canoa” y el Manicomio General. Cabe mencionar, la revisión documental en dicho archivo abarcó hasta el año de 1916.

Cuando empezamos a negociar mi participación en el proyecto, tanto Gimena como Fernanda se encontraban en la segunda fase que fue el proceso de producción de las piezas, esto después de haber pasado por la revisión documental de los fondos mencionados y la consulta de fuentes bibliográficas entorno al tema de las instituciones de salud mental en el país y el desarrollo de la psiquiatría en México.

Tacón dorado tuvo una lógica de trabajo que obedeció a necesidades muy puntuales. La principal preocupación de las artistas era integrar su obra en el espacio de tal manera que esta dialogara y luciera armónica. Las dos artistas estaban concientes de las diferencias en sus lenguajes plásticos pero sobre todo de la divergencia en sus intereses conceptuales. Mientras que Gimena Romero fue conmovida por la psique y los casos de la mujeres internadas, los cuales individualizó en 14 fotobordados, por “salud mental” Fernanda Robles tomó distancia de los expediente clínicos por considerarlos de una alta carga emocional difícil de manejar tanto a nivel personal como a nivel artístico, sin embargo, debo mencionar, esto no fue un impedimento para que se metiera de lleno al análisis de los documentos y realizara lecturas sobre el tema. Por consiguiente el trabajo de Robles se enfocó en una reflexión sobre arquitectura y memoria, y, tocada por la ausencia del edifico que fue demolido en 1968, tradujo el plano de la Castañeda en tela mediante la técnica del gofrado.

Así, de un mismo archivo resultaron piezas distintas enfocadas en dos aspectos diferentes de un mismo tema, lo cual permitió ahondar más en la complejidad de la institución y en el contexto emocional y social de la internas. Los fotobordados de Gimena Romero constituyen una reinterpretación de las fichas de los expedientes clínicos, un acercamiento a la feminidad que enmarqué dentro del trabajo de Bataille sobre el erotismo. El gofrado de Fernanda Robles es una preocupación por la re-construcción del espacio, pero no sólo desde la parte física, es decir, desde su materialidad, sino también desde la parte simbólica, la cual aterriza en un tropo de la memoria que habla de la colectividad. Desde el aspecto formal, los fotobordados exploran el dibujo y hablan a partir de la línea y el color, el hilo y la aguja funcionan como método de intervención en las reproducciones de los expedientes en tela para resarcir y reconstruir la historia personal de las internas. Por otro lado, mediante el gofrado se logra la reproducción de un plano arquitectónico a gran escala donde se mezclan formas y texturas, las cuales crean varios niveles, mismos que pueden homologarse a las capas o los recovecos de la memoria.
El reto que me lanzaron las artistas al invitarme a trabajar con ellas fue entender sus lenguajes plásticos para hermanar su trabajo mediante el montaje de sus producción artística en el espacio expositivo. A la par, tuve que diferenciar sus procesos creativos y entender sus inquietudes temáticas para traducir esto en el texto de sala. De igual manera fue importante escuchar sus experiencias al enfrentarse con los fondos documentales del archivo para comprender a cabalidad la génesis del proyecto, su desarrollo y el resultado final de las piezas. Entonces, más que ofrecer un planteamiento temático, mi participación consistió en comprender y contextualizar el proyecto, brindar un marco teórico que funcionara como una vía de acercamiento a los problemas expuestos, además de lograr que todo lo antes planteado se tradujera en una experiencia para el visitante. Mis herramientas de trabajo fueron el texto de sala, la propuesta de montaje junto con los recursos museográficos básicos, además del trabajo en redes sociales para comunicar los contenidos de la exposición. 

INAUGURACIÓN  TACÓN DORADO













 INAUGURACIÓN 














 COCKTAIL DE INAUGURACIÓN Y DJ´S






 RESULTADO FINAL



MONTAJE







martes, 25 de noviembre de 2014


De la serie mini invenciones....

 Jazz en el barco

"Entonces partió; sin pronunciar un mañana. Como si el futuro más próximo no existiera, sin arrojar siquiera la ínfima certeza que existe en un "tal vez", como si decir "probabilidad" fuera un vicio demoníaco que solo tiene cabida en el juego y las apuestas. Partió como parten todos los barcos, hacia adelante y mirando al horizonte. Partió rompiendo olas y corazones, los corazones de la gente del pueblo que lo veía alejarse. Partió y el alma de María quedó anclada a esa mirada, a esa boca a esos brazos, encallado en las aguas más profundas de la desolación, la angustia y la tristeza. Partió y  se dijo a sí misma, "Que se hunda mi vida en la esperanza o en la desesperanza, no el Baljus." Era el trompetista de la banda de jazz quien partía..."

fragmento de la novela "Jazz en el barco", de John Hathaway.


 Por increíble que parezca, en aquella casa cerca del puerto había un gramófono de mesa de 1920, si un gramófono. Era una sencilla pero lujosa pieza que el padre de María había traído de Estados Unidos, habiendo gastado en ello la paga de cuatro arduos meses de trabajo en alta mar; todo con la esperanza de que su hija no se enamorara de un marinero. Los marineros pasan mucho tiempo lejos de sus casas, tienen amantes en cada puerto y hacen muy desdichadas a sus mujeres. Pensaba que si la muchacha tenía algo con que entretenerse, pasaría más tiempo en casa y pondría menos atención en los hombres. ¡Vaya! no es que Nicolás fuera un idiota, pero por alguna extraña razón creyó que el aparato ayudaría. En cada viaje, cuando los dejaban salir del barco para emborracharse y tomar hembra, Nicolás iba en busca de acetatos de 78 revoluciones por minuto para regalarlos a su hija, fue así como María conoció de jazz, blues y be-bop, escuchando los discos en el Dulceola; música que entró directo a su corazón por que su oído estaba afinado previamente por el sonido de las olas del mar. Por eso, cuando escuchó a la banda que recién había desembarcado, en el atrio de la iglesia principal del puerto de Veracruz, la niña se enamoró perdidamente del hombre que tocaba la trompeta. Bendita su estampa, María nunca se conoció amor de marinero, maldita su estampa, la niña de sus ojos terminó hecha mujer por un músico; un jazzista amante de la vida y las mujeres que pasaba una cuarta parte del año en el Baljus. Nada se reprochaba más en esta vida Nicolás, que haber traído ese maldito gramófono Dulceola modelo R78-E Berliner. El Amargaola R-78 al carajo mi puta suerte.


Él era la más pura ausencia. María había consagrado su corazón a la ausencia, a la nada, al silencio. Porque eso pasa cuando te enamoras de un músico que cada dos meses emprende un viaje de improbable retorno por las rudas aguas del Atlántico. Pero María quería al trompetista como a un ave libre, lo amaba como amaba sus paseos por la playa y la imagen de las gaviotas emprendiendo el vuelo. Lo amaba, simplemente lo amaba, por eso no quería atarlo a su lado ni a su recuerdo. Sabía que un músico no es presa fácil, es más, ni siquiera es una presa en potencia. Ellos ya fueron capturados; le pertenecen a Euterpe y a al instrumento que tocan, como los poetas a Erato y a la imaginación, como los bailarines a Terpsicore y a la demencia, como los historiadores a Clío y a la memoria, como las sirenas al canto, como la sal al mar. Los artistas no tienen nacionalidad. Su único jefe es la pasión, solo ella puede despedirlos o invitarlos al trabajo. Su capataz es la técnica, a quien rinden cuentas, escusas, pretextos, pleitos, dedicación, responsabilidad y esfuerzo. Son esclavos del amor y del dolor, si no sufren no producen; y el que les paga, es actor secundario, si acaso, tramoyista en la obra de teatro que montan. Trabajan para si mismos, para su catarsis, y terminan siendo obreros de la humanidad. Su trabajo no genera plusvalía, y no hay manera de integrarlos al discurso del progreso y la evolución ¡malditos irredentos! 

Hacía dos semanas que el Baljus había partido y a María le parecían dos años. Miró la cocina, el estudio, el librero, el gramófono Dulceola y la máquina de coser, todo estaba en la misma habitación. Suspiró, se armó de valor y de paciencia y volvió al ritmo de lo cotidiano, porque, cuando se trata de vivir prácticamente o prácticamente de vivir (en paz), al amor hay que hacerlo a un lado. Cuando se trata de crear, entonces sí, que venga y nos fastidie.




Había llegado el final, o al menos uno de ellos. Esa noche, María se despertó súbitamente con la cabeza hecha una licuadora, estaba confundida y todo le daba vueltas. La náusea se instaló en su tráquea, era un reflejo de su cuerpo que quería desechar los besos del trompetista. Él ya era ausencia y sus besos veneno. Afuera todo era tranquilidad y silencio; era la calma, la calma que antecede al huracán. Las olas de la playa del puerto cantaban una canción de cuna, mientras que a mitad del Atlántico una orquesta retumbaba. Esa noche la banda de jazz no tocó, había mal tiempo y el Baljus era una pesadilla, la misma pesadilla que levantó a María de la cama, ambos estaban en el ojo de una tormenta, la tormenta del naufragio y la incertidumbre.

Jazz en el barco... J.H.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Así viví la marcha #AccionGlobalporAyotzinapa #20NovMex #Yamecanse


Así viví la marcha

#AccionGloblalporAyotzinapa #20NovMex

Una breve narración de lo sucedido en la marcha del 20 de noviembre de 2014:

Llegamos por el metro Insurgentes para incorporarnos a la manifestación a la altura del monumento a Cuauhtémoc. Comenzamos a marchar en un pequeño contingente, poco cohesionado pero siempre atento a que permaneciéramos juntos en respuesta a las medidas de seguridad que sabíamos debíamos tomar. 

Caminamos por Avenida Reforma sin ningún contratiempo, algunos huéspedes nos observaba desde sus cuartos de hotel de 5 estrellas, no sé si con admiración, desprecio o desconcierto, puesto que para nosotros se veían sólo como siluetas negras, sombras carentes de expresión alguna. A lo largo de la avenida no había granaderos, pero sabíamos que estaban en los alrededores o esperándonos en el Zócalo, pues desde la mañana, en redes sociales se había advertido de militares vestidos de civiles circulando en camiones por la ciudad; eso si, por todas las calles había patrullas y elementos de la policía de tránsito. 

Durante nuestra caminata, en varias ocasiones contamos hasta 43 para después gritar al unísono ¡JUSTICIA!, la cual fuera la consigna más socorrida de los manifestantes, y aunque tengo mis reservas respecto a que la petición que abandera las protestas y manifestaciones sea: "Vivos se los llevaron vivos los queremos", en algunas ocasiones sumé mi voz a la demanda que, a estas alturas, me parece imposible pueda llegar a concretarse. Mi sentir, haciendo a un lado las pruebas y el desarrollo de los hechos desde el 26 de septiembre a la fecha, es que los 43 estudiantes fueron muertos, sin embrago, dieron vida a una movilización social a nivel nacional y con apoyo internacional, que aún no se consolida en un movimiento articulado y con objetivos claros, y a la cual ciertamente le hace falta una demanda más contundente y realista, pero sobre todo más elaborada y estudiada, algo que trascienda a la vaga esperanza de encontrar 43 cuerpos con o sin vida y que vaya más allá del castigo a los respectivos los culpables que no se reduce a los sicarios de Guerreros Unidos y a José Luis Abarca, ex-representante del poder municipal en Iguala, Guerrero. El crimen organizado está infiltrado en las cúpulas más altas del poder, y las cúpulas más altas de poder también son criminales organizados, no existe tal cosa como los políticos buenos y los narcotraficantes malos, las redes de poder y corrupción son estructuras internas bastante complejas, una maraña que debe investigarse con profesionalismo para poder entenderla y así ver por donde puede empezar a desarticularse.

Al llegar al Zócalo todo parecía tranquilo, permanecimos en la plancha unos minutos observando como algunas personas de la multitud señalaban con láser verde a sujetos que corrían y se escondían en los remates de la azotea del Palacio Nacional ¿militares? ¿la guardia del EMP? ¿halcones?, muy probablemente franco tiradores dispuestos a disparan a la orden. A la par, se oían ruidos confusos, no sabíamos si eran disparos, al parecer eran las explosiones de las bombas molotov arrojadas por supuestos manifestantes, o mejor dicho, grupos de choque vestidos de civiles que actuaron bajo las órdenes del gobierno, todo en aras de justificar la presencia de un enorme cuerpo de granaderos fuera de toda proporción respecto a la manifestación que en todo momento se declaró PACÍFICA. Es por todos sabido que, los grupos de choque, a los que se le ha dado por llamar "anarquistas", generan desmanes para detonar la violencia y así tener un pretexto que ampare la intervención arbitraria e injustificada de los granaderos, bestias entrenadas para reprimir, peones de un gobierno corrupto y temeroso del poder del pueblo.

Mientras observábamos a los franco tiradores del Palacio Nacional, una nube se alzó a lo lejos, sin saber que ocurría realmente varios manifestantes corrimos como una reacción en cadena. Nosotros no pudimos ver nada, pero muy cerca de Palacio Nacional se estaban dando enfrentamientos. Las bombas molotov seguían siendo lanzadas y para ese momento los granaderos ya habían comenzado a intervenir, primero con extintores y luego con gas lacrimógeno. Finalmente, el Estado no dudo en usar la fuerza, poco después de estos incidentes provocados, el cuerpo de granaderos comenzó a replegarse por todo el zócalo con la finalidad de desalojar intimidar y reprimir a los manifestantes, afortunadamente, a esas alturas ya habíamos tomado la decisión de marcharnos en contra flujo y evitando las calles en las que sabíamos podían encontrarse los granaderos. Cuando llegué a casa me enteré que mientras partía había comenzando una cacería de manifestantes acompañada de detenciones arbitrarias, según medios electrónicos, se sabe de al menos 30 detenidos 20 de ellos estudiantes, además de decenas de heridos durante los enfrentamientos, los vídeos ya circulan en la red al igual que la indignación de muchos. La moneda tiene dos caras, hay tanto videos que muestran las aciones intolerantes y represivas por parte del gobierno, como aquellos que documentan el desarrollo pacífico de la marccha, en la que los estudiantes hicieron uso del arte como medio de protesta y gala de su ingenio.

Quienes piensan que las manifestaciones no son la solución a los problemas del país, desafortunadamente tienen toda la razón, sin embargo, los que marchamos no estamos equivocamos. Las protestas sociales son un ejercicio político que debemos practicar para dominarlo y perfeccionarlo, y así poder obtener resultados más efectivos que ayuden a cumplir nuestras demandas. No sólo se trata de saber como actuar y como responder ante las provocaciones del Estado, encaminadas a desacreditar los movimientos, atemorizar a los ciudadanos y así evitar que ejerzan su derecho a la libre expresión y a la libre asociación, lo más importante es tener la capacidad de establecer demandas realistas y claras que demuestren la comprensión de las problemáticas sociales su origen y sus repercusiones. La marcha del 20 de noviembre de 2014 en apoyo a los padres de los 43 los normalistas desparecidos, es una muestra más de una sociedad  ávida no sólo de un cambio, sino de un espacio para la participación proactiva. No sólo debemos luchar por la calle como lugar  simbólico para la libre manifestación de ideas, sino por los espacios de participación democrática que existen. Los kilómetros recorridos por miles de manifestantes son sólo un pequeño paso hacia una "revolución" que quizá nuestra generación no vea estallar ni mucho menos concluir en la victoria. La marcha del 20 de noviembre de 2014 no es la vaga esperanza de un cambio a largo plazo, sino la condición para poder afirmar que lo único que permanece es el cambio. 


jueves, 21 de agosto de 2014

Complex Antiform: Una fusión de conceptos antagónicos.


Complex Antiform:
Una fusión de conceptos antagónicos

“La máscara es el otro yo (…) es expresión de la personalidad suprareal del hombre."

PAUL WESTHEIM

Georgina Sánchez Celaya/Historiadora del Arte

Al mirar la serie Complex Antiform, pensarás en imágenes confusas, -como una nebulosa salpicada de materiales rocosos producto de una explosión en el universo- ahora bien, puedes seguir o abandonar la idea. Decidiste continuar, entonces, tu vista transitará por un remolino de conceptos antagónicos aterrizados en la materialidad pictórica: implosión-explosión, concavidad-convexidad, expansión-contracción, fuerzas centrifugas en oposición a las fuerzas centrípetas, formas amorfas que se desbordan en el espacio, pero a su vez, no dejan de estar contenidas por los límites del lienzo. No obstante, todo este remolino de contradicción abstracta, parte de un principio figurativo tan arcaico como el arte mismo: la máscara. Quizá no las veas, quizá en algunas piezas las descubras y las reconozcas, y así te percates que son un referente visual tan arraigado en nuestra memoria colectiva, que las reconocemos sin importar de que periodo histórico provengan o a que cultura pertenezcan.
En la serie Complex Antiform, la máscara prehispánica es el núcleo unitario que da vuelo al proceso creativo del artista, es además, el eje medular del cual se desprenden los demás elementos pictóricos, como la línea, el color y la textura. La máscara no sólo implica la posibilidad de escondernos y ocultar nuestro verdadero rostro, en su definición mágico-religiosa, es parte de un ritual, y a través de su uso, se propicia la transmutación del hombre que la porta. Como ha señalado Paul Westheim la máscara “es la fuga hacia otra personalidad”, y las pinturas que en esta ocasión nos presenta Francisco Muñoz, bien podrían entenderse como ejercicios no sólo pictóricos sino escultóricos en los que el artista se fuga de sí mismo.
Todas las pinturas que conforman la serie Complex Antiform se definen por principios duales y se debaten en la eterna dicotomía de lo abstracto y lo figurativo. Cada pieza fue realiza con rapidez –algunas en cuestión de horas-, por lo pueden pensarse como el resultado de un ejercicio dancístico, es decir, como algo espontáneo pero a la vez producto de la práctica constante, o bien, como las rutinas de un entrenamiento físico exhaustivo; lejos de ser una práctica premeditada que deriva de una larga y forzada reflexión filosófica. Es por eso que la pintura de Francisco Muñoz resulta dinámica, vivaz y explosiva, pero no por eso carece de un largo y estudiado proceso de trabajo, en el que se cuelan la experimentación, el aprendizaje constante y la asimilación de otros estilos sin necesidad de copiarlos.
Frank es un artista que se enfrenta y se arroja al lienzo sin miedo, quizá por eso obtiene resultados formales que el mismo califica de burdos o primitivos, conceptos que ya no tienen más una connotación peyorativa para el arte, pues en un mundo abarrotado de estímulos, no sólo visuales sino auditivos, donde la saturación de imágenes crece exponencialmente, pareciera que un retorno a los orígenes, a lo primitivo, es algo digno de anhelar.
Para el artista, un sólo lienzo es insuficiente, apenas en una serie logra satisfacer su compulsión por la pintura, la cual siempre lleva al límite, momento en el que decide reinventarse. Actualmente Francisco Muñoz atraviesa por un nuevo periodo en su carrera artística, donde se aprecia una mayor cohesión y nivel de diálogo en los elementos pictóricos que componen sus piezas. Después de la serie Coatlicue UFO -el alter ego futurista de la diosa madre prehispánica-, Complex Antiform llega como un escalón más en su trayectoria el cual, sin duda, pronto será superado por la inquietud y la tenacidad que caracteriza al artista.
No queda más que invitarlos a este baile de máscaras para disfrutar lo complejo de la forma, pero también la simplicidad de este tipo de pintura que se presenta al público de manera natural y sin pretensiones.

Más imágenes de la exposición en el tumbler del artista:


Imagen del texto de sala que escribí para la exposición "Complex Antiform." en Oficina de Arte Foto: Francisco Muñoz.





viernes, 8 de agosto de 2014

Alquimia, principio de creación: "Suceso colateral" de Julie Escoffier








Alquimia, principio de creación:
Suceso Colateral de Julie Escoffier


Por Georgina Sánchez Celaya



Desde 2012, la marquetería Casa Rosano, ubicada en Orizaba 101 en la Colonia Roma, se transforma –por un breve lapso de tiempo–, en un espacio dedicado a la exhibición de arte; de ahí que en su faceta de galería se anuncie al público como “Breve”. 

El pasado jueves 31 de julio de 2014, se inauguró en Breve Suceso Colateral, una exposición que presenta el trabajo más reciente de Julie Escoffier, una joven artista originaria de Lyon, Francia, quien actualmente se encuentra haciendo una estancia en México por segunda ocasión. 

Cuenta Julie que, desde pequeña, le gustaba jugar y hacer dibujos con cloro (Cl), y confiesa que, por alguna extraña razón que desconoce, el químico también le resulta agradable al olfato; esto no debe parecernos algo raro pues, los aromas detonan recuerdos, de hecho, he de confesar que yo también encuentro algo de agradable en el aroma de este halógeno en su presentación comercial, sin embargo, cada quien lleva sus gustos y obsesiones a diferentes puertos, y en esta ocasión, la artista francesa decidió hacer de este químico uno de sus principales elementos para la experimentación artística.

Una de las piezas centrales que constituye la muestra, es una instalación ubicada en la vitrina de la marquetería-galería. La obra consta de dos rollos de papel no-tejido –un tipo de papel muy similar al tapiz–, ambos están intervenidos con tintas y suspenden desde el techo. Una parte de los rollos está expuesta al contacto directo con el cloro, y mediante su absorción, dos fenómenos ocurren de manera paralela, por un lado, el cloro reacciona con las tintas y actúa como una especie de revelador, detonando resultados azarosos, por ejemplo la aparición de colores y degradados inesperados. Mientras que, por otro lado, el papel que está sumergido en el cloro se “purifica”, se torna nuevamente blanco y vuelve a su estado “natural”; de manera metafórica, es la promesa de un recomienzo, pues un lienzo o un pedazo de papel que fue intervenido por el color, al ser blanqueado, puede ser pintado de nuevo, con resultados distintos a los originales. 

Lo interesante de observar el trabajo de Julie Escoffier, es el hecho de poder deconstruir los procesos que subyacen en sus obras, para lo cual, –como en la mayoría de las obras de arte contemporáneo–, se necesitan algunas pistas; mirar los resultados de sus creaciones es como tratar de resolver una adivinanza o armar un rompecabezas, y para el observador, siempre es un reto entrar al juego a la vez que una satisfacción. Esta faceta del trabajo artístico que Escoffier está desarrollando actualmente, guarda cierta relación con la experimentación alquímica que caracterizó los comienzos de la fotografía y la pintura. De hecho, como ella misma reconoce, al experimentar con cloro, no sólo está aludiendo a los principios del proceso fotográfico –por ejemplo al momento de que dicho elemento actúa como agente para el revelado–, sino al principio químico que posibilitó la pintura, pues como explica la artista, el blanqueamiento de las telas fue una condición necesaria para poder preparar los lienzos que, como bien sabemos, son la base de la pintura al óleo. 

La artista francesa también ha llevado la experimentación plástica al terreno de lo escultórico. En la exposición se muestran una serie de vaciados en yeso que han sido intervenidos con químicos fotográficos, tintas y cloro. Los resultados en cada pieza son distintos según los materiales y las técnicas empleadas, para algunas piezas la artista ha utilizado la cianotipia, una técnica fotográfica que se popularizó a finales del siglo XIX en la que se emplean sales de hierro, las cuales dan un color azulado a las fotografías. En algunas piezas hay formas y detalles casi imperceptibles al ojo, como en Cyanotype After Form 1, donde aquellos destellos blancos son la huella de moscas para pescar, anzuelos disfrazados de insectos que aluden a la mímesis en el proceso fotográfico, donde lo captado por el lente no es más que el residuo de varios procesos químicos que se asumen como la representación fidedigna de la realidad. Al igual que las mosca para pescar, la fotografía es sólo un anzuelo, una trampa que lejos de ser la imagen de la realidad es una realidad en sí misma. Finalmente, en el trabajo de Escoffier, se mezclan tanto la fotografía como la pintura y la escultura para formar piezas únicas que muestran la inquietud de la artista por encontrar un lenguaje propio, un camino por el cual aún está transitando. 

Las piezas que constituyen esta exposición, son resultado de una combinación muy interesante que parte de la reflexión del quehacer pictórico y fotográfico; en el trabajo que actualmente está desarrollando Julie Escoffier se intersecan desde sus inquietudes de infancia, hasta la experimentación alquímica como origen y principio de la ciencia química -en este caso aplicada a la creación artística-, así como el azar y el accidente, dos factores que definen gran parte del desenlace de sus piezas. En las obras expuesta en Breve, subyace algo que indica al espectador que es testigo del proceso artístico que la obra ya no volverá a ser la misma, y ese “algo” es precisamente el accidente, los pequeños detalles que quedan en el papel como evidencia del cambio, o quizá es sólo el hecho de que la transformación tiene testigos que pueden dar fe del cambio. 

La invitación a Breve es para aquellos observadores pacientes que aún sean capaces de asombrarse con los detalles, y para aquellos que quieran parase frente a una vitrina y observar por unos minutos, un fragmento del actual proceso artístico que está desarrollando la artista junto con sus resultados azarosos, o bien para aquellos curiosos que acepten el reto de deconstruir las obras, armar el rompecabezas y jugar con la esfinge y sus adivinanzas. La invitación al juego del arte y las pistas ya están sobre la mesa. 




Galería Breve/Casa Rosano
Orizaba 101 Col. Roma
Local D
FB Breve


Artículo publicado en el portal Arte MX.
Link del portal: 
Arte MX Suceso Colateral